Clérigo


Clérigo


Las obras de los dioses están en todas partes: en los lugares de belleza natural y en las cruzadas importantes; en los grandes templos y en los corazones de los fieles. Al igual que sucede con las personas, entre los dioses también hay gran variedad, yendo de lo benévolo a lo malvado, de lo reservado a lo entrometido, de lo sencillo a lo insondable. No obstante, los dioses suelen obrar a través de intermediarios: los clérigos de sus religiones. Los clérigos buenos pueden curar, proteger y vengar, los malignos a saquear, destruir y sabotear. El clérigo manifiesta la voluntad divina utilizando el poder de su dios. También es de esperar que un clerigo emplee el poder de su dios para mejorar las situaciones en las que se encuentre.

 

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Aventuras: lo ideal seria que las aventuras del clérigo fueran de ayuda para la causa de su dios, al menos desde un punto de vista general. Por ejemplo, un clérigo bueno podría ayudar a los necesitados, aunque sería mucho mejor que sus actos nobles dieran buena reputación a su dios o su templo. Un clérigo maligno intentaría incrementar su poder personal y el de su deidad, de modo que los demás lo respetasen y temiesen.
A veces los clérigos reciben órdenes (o, al menos, sugerencias) de sus superiores y deben emprender misiones por el bien de su iglesia. Tanto el como sus compañeros serán justamente recompensados por tales misiones, y la iglesia en cuestión podría mostrarse particularmente generosa en lo que se refiere a pago en forma de lanzamiento de conjuros u objetos de magia divina.
Sobra decir que, como personas que son, los clérigos también pueden tener sus propios motivos pera irse de aventuras.

 

Peculiaridades: los clérigos son maestros de la magia divina, que es particularmente buena en lo que se refiere a la curación. Hasta el clérigo más inexperto puede salvar a quien se encuentre al borde de la muerte, y los más expertos pueden devolver la vida incluso a los que ya lo han cruzado.
Al canalizar energía divina, los clérigos pueden expulsar e incluso destruir, a los muertos vivientes. Por otro lado, los clérigos malignos pueden poner a tales criaturas bajo su control.
Los clérigos, reciben también cierto grado de entrenamiento para el combate. Pueden emplear armas sencillas, y han sido instruidos en el uso de las armaduras pues, a diferencia de lo que sucede con los conjuros arcanos, estas no suponen obstáculo alguno para la magia divina.
Alineamiento: al igual que los dioses a los que sirven, los clérigos pueden ser de cualquier alineamiento. Como la gente suele estar más dispuesta a venerar a dioses de alineamiento bueno que a deidades neutrales o malignas, los clérigos de alineamiento bueno tienden a ser más numerosos que los malvados. Los seguidores de esta clase también suelen estar más cerca de la ley que del caos, pues las religiones legales tienden a estar más estructuradas y tienen mayor facilidad para reclutar e instruir a nuevos clérigos que las malignas.
Normalmente, un clérigo suele tener el mismo alineamiento que su dios, aunque algunos se encuentran a “un paso de distancia” de su respectiva deidad. Por ejemplo, la mayoría de los clérigos de Heironeous (dios del valor), que es legal bueno, son también de ese alineamiento, pero unos tantos son legales neutrales o neutrales buenos. Además, no pueden ser “neutrales auténticos” si su dios no lo es también.

 

Religión: cualquier deidad razonablemente bien conocida tiene clérigos devotos a su causa, por lo que los clérigos pueden pertenecer a cualquier religión. La deidad más comúnmente venerada es Odín, el Padre de Todos. Sin embargo, los miembros de las distintas razas suelen seguir a los dioses más afines a ellos. La mayoría de los clérigos están oficialmente alineados con una organización religiosa en particular, comúnmente llamadas iglesias. Cada uno ha jurado sostener los ideales de su iglesia.

 

Trasfondo: la mayoría de los clérigos son miembros, ordenados oficialmente, de organizaciones religiosas que suelen recibir el nombre de iglesias cuyos ideales han jurado defender. La mayoría de los clérigos suelen incorporarse a sus iglesias al poco de convertirse en adultos, aunque algunos se ponen al servicio de un dios desde bien temprana edad u oyen “la llamada” en un momento posterior de su vida. Aunque algunos clérigos están estrechamente vinculados a las actividades cotidianas de su iglesia, hay otros que tienen más libertad, siempre y cuando actúen de acuerdo a los deseos de su dios.
Se supone que todos los clérigos de una misma fe deben llevarse bien, aunque los cismas dentro de una religión suelen ser más enconados que los conflictos entre distintas religiones. Los clérigos que compartan ciertos ideales básicos, como la bondad o la legalidad, pueden encontrar una causa común que les una, o verse a si mismos como parte de un orden o un cuerpo que sustituya a las propias religiones. Sin embargo, los clérigos que tengan objetivos opuestos serán enemigos acérrimos. En las tierras civilizadas, la confrontación abierta entre religiones sólo tiene lugar en tiempos de guerra civil u otras circunstancias que impliquen agitación social, pero el politiqueo malintencionado entre iglesias enfrentadas suele ser muy común.

 

Razas: entre los clérigos hay miembros de todas las razas normales, pues la necesidad de religión y de magia divina es universal. No obstante, los clérigos de la mayoría de las razas están demasiado concentrados en sus obligaciones religiosas como para poder llevar una vida de aventureros. Los clérigos que marchan de aventuras o a las cruzadas con frecuencia son de raza humana o enana.
Los clérigos son menos habituales entre los humanoides salvajes. La excepción son los sauriones, que comprenden bastante bien la magia divina y muchas veces están dirigidos por sacerdotes, los cuales suelen sacrificar y devorar a sus prisioneros en sus prácticas.

 

Otras clases: entre aventureros, el clérigo no solo es el amigo de todos, sino que suele ser el elemento que mantiene unido al grupo. Al poder canalizar energía divina, el clérigo es un sanador competente y los aventureros de todas las clases aprecian que alguien les “recomponga? después de haber recibido algún que otro golpe importante. De vez en cuando los clérigos sufren encontronazos con los druidas, pues estos últimos representan una forma más antigua y primitiva de la relación entre los mortales y lo divino. No obstante, la mayoría de las veces la religión del clérigo suele determinar el modo en que este se lleva con los demás. Por ejemplo, un clérigo de Olidammara, dios de los pícaros, se llevará bien con pícaros y maleantes; mientras que uno de Heironeous, dios del valor, se sentiría molesto con tal compañía.

 

( Fuente: https://www.myth-weavers.com/showthread.php?t=405568 )

 

 

Ejemplos del posible rol del clérigo:
Anacoreta:
La sociedad no ofrece ningún tipo de placer para unos pocos, en especial entre los religiosos más devotos. El anacoreta decidió bien pronto desechar la compañía de otros a favor de la soledad y la contemplación de la naturaleza de lo divino.
Los anacoretas son individuos muy pulimentados. Después de haber pasado tanto tiempo lejos de la compañía de otras personas, sus habilidades de comunicación se han atrofiado y su capacidad comunicativa es igual que la de una roca. Los anacoretas tienen también una marcada tendencia a ver el mundo en blanco y negro, con su dios y su credo en el lado blanco y todo lo que se les oponga en el lado negro. Su larga ausencia de la sociedad ha convertido a los anacoretas en personajes indecisos y vacilantes en la mayoría de las situaciones sociales.
Juez:
Para algunas personas es suficiente con atrapar a los delincuentes comunes y llevarles ante la justicia por los medios convencionales. Sin embargo, hay otros que creen en la “justicia cueste lo que cueste” y persiguen a los malhechores con celo fanático y determinación incansable. Ven por doquier el mal que acecha en el corazón de los hombres y no dudan en recurrir a medidas extremas para subyugarlo. Algunas personas los ven como salvadores de las víctimas pero otros como justicieros peligrosos, ansiosos de impartir castigo más allá de lo que marca la ley.
El juez es un personaje atormentado con un objetivo claro. El juez se ve a sí mismo encerrado en un mundo lleno de sombras. El mal y la injusticia acechan detrás de cada esquina y sólo él puede mantener a raya la marea. El juez puede ser compasivo en multitud de ocasiones, pero es feroz ante criminales y malvados.
Misionero:
En contraste con otros conceptos de personaje más agresivos, el misionero trata de atraer siervos al rebaño mostrándoles cómo los seguidores de su dios ayudan al necesitado. El misionero busca zonas afectadas por cualquier penalidad y hace lo que puede para llevar alivio a los que sufren, ofreciendo palabras de apoyo y sermones de comprensión. Los que se muestren interesados suelen ser invitados a sesiones de rezos u otros servicios religiosos, para que aprendan más acerca del dios que ha enviado la piedad a sus vidas.
Compasivo y leal, el misionero suele ser bienvenido a cualquier grupo de viajeros. Siempre dispuesto a ayudar a los necesitados, puede hacer amigos fácilmente, a pesar de su insistente ministerio.
Niño abandonado:
Cuando una familia carece de medios para mantener a sus hijos, es costumbre en algunas sociedades dejar a los recién nacidos a la entrada de una iglesia local. Estos niños son adoptados y criados por la orden religiosa.
Criado en una iglesia, el niño abandonado ha vivido su vida dentro de la religión. Cualquier experiencia fuera de su entorno es, en la mejor de las circunstancias, entendida muy vagamente por el clérigo, que puede mostrar inquietud al enfrentarse a esas nuevas situaciones. Su curiosidad e ingenuidad pueden llegar a ser un estorbo para su propia supervivencia, ya que el niño abandonado apenas conoce los muchos peligros que habitan más allá de los límites de la iglesia.
Paria:
Tanto si ha nacido bajo un mal augurio como si simplemente ha sido maldito por las circunstancias, el paria se ha visto marginado y despreciado por todo el mundo desde que puede recordar. Algunos nacieron deformes, otro han quedado horriblemente desfigurados por un accidente o una enfermedad, pero todos ellos están visiblemente marcados de un modo que se considera perturbador y temible. Aceptado por la iglesia, el paria ha dedicado su existencia a servir a aquellos que dieron un significado a su vida y le ayudaron cuando el resto del mundo le daba la espalda.
Si el paria tiene algo de especial, es que ha visto más del lado oscuro de la vida que la mayoría de los clérigos y esto le ha convertido en un gran cínico. El paria tiene también una visión idealizada del clero que le “rescató”. Para el paria el mundo es el enemigo y sus únicos y verdaderos aliados son su dios y su iglesia.
Proselitista:
Expandir la voz de su dios no es sólo un trabajo para el proselitista, es una compulsión que no puede obviar. Es más, el proselitista cree tan firmemente en su deidad, que va más allá del simple predicamento y se adentra en lo que podría llamarse “conversión forzosa”. Al tiempo que extremadamente devoto, el proselitista es intolerante y hasta peligroso para los que no comparten su creencia.
Cree que cualquiera que no sigue a su dios es que se le opone. Aunque al proselitista no le preocupan otros dioses, a menudo fingirá sentir interés en sus credos, para localizar fallos en ellos. Cree que cualquier cosa que haga para atraer siervos al rebaño se verá condonada a los ojos de su dios (es capaz incluso de llegar a extremos insospechados para convertir a los infieles).
Criminal reformado:
No todos los criminales nacieron siendo malos. Los hay que violan la ley movidos por la desesperación, robando para alimentar a sus hijos, etc. Con el tiempo la mayoría de estos terminan en las mazmorras locales. Ante estas circunstancias muchos se arrepienten de su modo de vida y a un puñado de ellos esta experiencia incluso les transforma y abre sus almas a las maravillas de lo divino.

 

( Fuente: https://www.facebook.com/TentaclesandTeeth/ )

 

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