You need to log in to create posts and topics.

Dioses y Demonios

Dioses y Demonios

Lo que se desea hacer

En el comienzo, los eventos que habían comenzado no eran de mi gran interés, ya que prefería evitar conflictos con entidades que van más allá de mi entendimiento. Los dioses de pronto dejaron de mostrar su presencia en el Midgard, era algo que podía notar. Los más poderosos sacerdotes de nuestras deidades perdieron sus favores, la naturaleza empezó a marchitarse y a morir, y otros sucesos de gran calamidad se extendieron por el mundo. Pero aun asi intenté mantenerme ajeno a los orígenes de estos problemas que nos afectaban a todos. No veía con malos ojos enfrentar el final que parecía estar muy próximo, mi vida ya había tomado un rumbo, el cual había deseado desde pequeño; me había logrado convertir en un guerrero hábil, tal vez no el mejor, pero lo suficientemente experimentado como para vivir de la senda de las aventuras y los viajes, así como también poder a enfrentar enemigos de los más peligrosos y diversos que hay en nuestro plano.

Aunque en esta ocasión, mi mente no se enfocaba en buscar una solución a las calamidades que tenían lugar a nuestro alrededor. Esa tarea, consideraba que era más sabio dejarla en manos de un grupo de personas capaces, y entre ellos había varios con los que ya había compartido mas de un viaje. Entre estos aventureros se encontraban héroes, mercenarios y personas a los que no logre conocer lo suficiente para entender sus ideales y objetivos. En cuanto a mi, no buscaba arriesgar mi vida en una misión que, a mi parecer, era suicida y sin sentido, no podía ver la profundidad de lo que estaba pasando y la importancia de la misión que este grupo intentaba cumplir. Tal vez si hubiera entendido mejor las cosas, habría ayudado desde el principio como ellos.

Por sobre todas las cosas, mis intereses y pensamientos eran con exclusividad entregados hacia dos personas: mis amigos, mi familia de distinga sangre, las primeras personas que conocí cuando abandone mi hogar en Gadelica, los elfos de la casa Elastriel; Verael y Sirail.

 Verael y Sirail Elastriel

 

Ellos que me enseñaron el camino de las aventuras, de los peligros, de la reflexión, de la amistad y de apreciar lo que los dioses nos brindan en nuestro camino para ayudarnos a crecer. Verael se volvió un hermano y maestro para mí, tanto para entender cosas de la vida misma, como así también un mentor en las armas. Junto a el aprendí a pulir mi propio estilo de combate. En cambio Sirail al principio era distante, e incluso parecía desagradarle mi simple existencia, pero en ella irradiaba, y aun lo hace, una gracia que poseen todos aquellos hijos de Frey y Freya. Con el tiempo logre ganarme su amistad, para más adelante conseguir su confianza y su amor,  y esto es de las cosas que más orgulloso estoy en mi vida, una vida la cual también se la debo, ya que si no fuera por ella, yo no hubiera sobrevivido a incontables batallas que enfrentaríamos juntos. Ellos fueron mis guías cuando comencé a dar mis pasos en un sendero en el que debía valerme por mí mismo, por lo que se volvieron personas muy importantes para mí. Y no importaba que pasara en un futuro, mis ideales eran y son esos, ser el guardián de los que una vez me protegieron, ayudar a los que me tendieron una mano desde el principio, dar mi vida si es necesario para defenderlos, así como lo indica la dogma del dios al que elegi seguir y basar muchos aspectos de mi vida. No desperdiciar la vida por cualquier cosa, pero proteger a los demás aun sacrificando tu propia vida si es necesario. Eso es lo que entendí con el tiempo, que era realmente lo deseaba hacer.

Aunque claro que, aun era muy joven y aunque respetaba mucho los dogmas de Tyr, no siempre pude seguirlas de la mejor manera, después de todo soy un humano, y nuestra raza es propensa a equivocarse y fallar en momentos flacos de convicción.

El tiempo y las desgracias se hicieron presentes en muchos rincones de Asgoria, hasta que finalmente llego el día en el que los aventureros que habían comenzado su campaña para devolver todo a la normalidad tuvieron éxito, si se podría decir así, ya que no todo resultó como ellos lo esperaban. Los dioses habían vuelto a brindar su favor mediante sus distintas formas en el Midgard, pero con un coste que también era muy alto. Siete sellos antiguos y poderosos, como una especie de portales hacia otros planos, fueron abiertos. Esto provoco que criaturas terribles provenientes de los abismos y de las cuales pocas personas tienen conocimiento, cruzaran con libertad esas barreras que separaban sus mundos del nuestro, algo que hasta ese entonces no tenía idea de que tanto afectaría en mi destino…

Criaturas de otros planos

Después de mis compañeros elfos, Verael y Sirail, Rhoran se convirtió en uno de mis amigos más cercanos, o al menos siempre lo he considerado así. En ese entonces era un joven humano, más o menos con la misma cantidad de inviernos en su espalda que yo. Ambos provenimos de la ciudad imperial del Oeste: Gadelica, pero nuestros caminos se vincularon en el Norte. Poco a poco fuimos forjando una amistad, como así también una cierta rivalidad en nuestra ambición por volvernos más hábiles en el arte de las batallas y las armas.

Ambos fuimos compañeros de aventuras, de entrenamientos, e incluso luchamos juntos bajo el estandarte de la Guardia Gris, y su capitán Beiron Dreed. Es por eso que en muchas ocasiones viajamos a distintos rincones del Norte con diferentes misiones y objetivos. Y esto nos llevó a uno de los sitios más recónditos e inhóspitos de las Montañas Vhaldem: El Claro del Norte.

Armas

El Claro del Norte debía gran parte de su fama a las leyendas de las criaturas no-muertas que habitan allí, leyendas que pudimos comprobar en anteriores expediciones a ese lugar. Enormes esqueletos de gigantes de dos cabezas, conocidos como Ettins, habitan y deambulan en aquel territorio, atacando sin piedad a todo aquel que se atreva a pisar ese suelo de nieve maldita.

Nuestras antiguas experiencias allí, enfrentando a estos Ettins Esqueléticos, al servicio de la Guardia Gris, nos habían dado la suficiente experiencia, fortaleza mental y física para poder hacerles frente a dichas criaturas. Después de un viaje de varios días entre las montañas, logramos encontrar el lugar que nos propusimos, aunque esta vez había algo que no esperábamos encontrar.

El terreno en el cual se podían ver a estos monstruos normalmente, estaba completamente vacío, y solo podíamos divisar una grieta en medio de toda la extensión. Una grieta en la nieve, como si de la trampa hacia un abismo se tratase, y de la cual se arrojaba al aire una niebla humeante que comenzaba a cubrir el lugar. Rhoran y yo nos acercamos hasta esa niebla, cuando comenzamos a sentir en nuestra piel y en nuestras almas que algo no marchaba bien. Una combinación de miedo, preocupación y peligro nos envolvía, algo que nunca habíamos enfrentado antes a tal punto, pero que en ese entonces hizo que nuestra valentía pendiera de un hilo. Avanzamos con cautela, intentando distinguir algo entre la niebla, pero en vez de eso logramos escuchar un llanto. Tal vez de una mujer, o tal vez una niña, eso es algo que no podíamos saber con seguridad. Intentamos acercarnos, pero cuando parecía que lograríamos descubrir la fuente de esos llantos y sollozos, un grito ensordecedor nos abatió, un grito casi inhumano el cual nos hizo retroceder y como acto seguido decidimos volver sobre nuestros pasos para regresar de inmediato a Mraganur.

Durante varios días, recorrimos las ciudades norteñas intentando buscar aventureros o sabios que tuvieran más experiencia en este tipo de asuntos muy poco habituales, o al menos supieran interpretar lo que sucedía en el Claro y para buscar la solución a una posible nueva amenaza. En esos días, intente repasar en mi mente cada detalle de lo que había sentido, por primera vez experimente un terrible temor al enfrentar algo que no había visto nunca, pero que pude percibir su presencia maligna mucho mas fuerte de lo que jamás había notado antes.

No fue fácil encontrar a alguien al que pudiéramos confiarle tal información, viajar demasiado lejos de Mraganur podía ser arriesgado por el tiempo que perderíamos y tal vez era tiempo con el que no contábamos hasta que la amenaza del Claro del Norte se hiciera presente. Pero tampoco era fácil hablar sobre esto en las civilizaciones norteñas, lugares donde la magia y las cosas sobrenaturales en general son repudiadas y castigadas, y casi siempre los que son descubiertos en asuntos arcanos no suelen quedar impunes. Por lo que no podíamos hablar sobre lo sucedido en el Claro con cualquier persona sin medir las consecuencias.

Finalmente, dimos con un grupo de personas interesadas en este asunto; un mago llamado Magus Vulpes, el cual parecía tener las herramientas y conocimientos suficientes para desentrañar lo que sucedía en las frías montañas, dos elfos bastante peculiares y distintos a la vez en sus orígenes, el cazarrecompensas Decard y el aventurero Weslei. Este grupo accedió a ayudarnos, cada quien con sus propias motivaciones. Por lo junto a nuestro nuevo grupo, partimos a otra expedición a las tierras frías e inhóspitas que cubren el Norte de Asgoria.

Desolado

El viaje emprendido fue largo y peligroso, en el cual tuvimos varias escaramuzas con tribus de trasgos y ettins de las montañas. Pero como el nuestro se trataba de un grupo experimentado, no tuvimos mayores inconvenientes para sobrepasar estos obstáculos.

Así fue como llegamos a un sitio donde no quedaba nada de lo que uno podría considerar “normal”. Aquella extensa y densa niebla, donde los llantos y lamentos de almas parecían reunirse en una ceremonia fúnebre, se había propagado aun más que antes. En todo el lugar fluía un poder maligno con una energía tan pesada que parecía aplastar todo sentimiento de valentía y coraje. Hasta el aire mismo sugería estar en nuestra contra, pero aun así, decidimos seguir explorando una región que ya no se podría definir como parte del Midgard.

Magus fue el primero en advertir la presencia de seres que no eran de ningún lugar que Rhoran o yo conociéramos, y no paso mucho tiempo hasta darnos cuenta de lo que hablaba. De la misma nieve, se abrieron grietas diversas, con la misma humeante neblina, pero esta vez de ellas emergieron criaturas que jamás había enfrentado antes. Garras y dientes afilados, cuerpos delgados, ágiles y a la vez retorcidos que no tenían parecido a ningún animal que pudiera recordar. Alados, de piel tan casi blanca como la nieve y ojos que parecían simplemente lastimarte cuando los mirabas fijamente. Estas aberraciones surgieron frente a nosotros y como acto seguido, nos atacaron sin contemplaciones.

La batalla fue frenética y despiadada. No hubo una idea clara de cómo enfrentar a estas criaturas, más allá que utilizar todas nuestras fuerzas. Las armas y la magia fueron nuestros recursos para salir victoriosos contra nuestros atacantes, los cuales parecían estar protegiendo algo y evitaban a toda costa que nos acerquemos. Una antigua cripta que se encontraba en el Claro, y en la cual podíamos notar que se concentraba una energía maligna más fuerte, y era tal vez esta última la causa de que este lugar se hubiera vuelto aún más peligroso de lo que ya era.

Después del enfrentamiento y de detenernos para analizar la situación y la naturaleza de estas criaturas, decidimos entrar en aquel mausoleo con la intención de erradicar lo que sea que se encontrara allí.

El interior del lugar era sumamente helado, aún más de lo que ya son las frías montañas nevadas Vhaldem. Incluso nuestros abrigos y ropajes mejor preparados  no podían evitarnos sentir como ese mortal frió penetraba hasta los huesos.

Después de algún tiempo recorriendo los pasillos de esta cripta, nos encontramos una extraña figura. Un personaje encapuchado, de cuerpo extrañamente delgado y su color de piel daba la sensación de que tratábamos con un cadáver. Su voz era extraña pero parecía ser la de una criatura femenina, o al menos algo parecido. El primero decidido en hablar fue Magus, y aunque yo estaba junto a los demás muy cerca, la naturaleza de la conversación era algo que no podía entender del todo, lo único de lo que estaba seguro era que el aura en esa “mujer” era extrañamente oscura, una sensación que  percibían todos mis compañeros.

Cripta

Mientras interrogábamos a nuestra "anfitriona", esta fue descubriendo nuestras intenciones y nos propuso algo que, para mi vergüenza, fue una tentación en la que caí con facilidad. Esta criatura, nos prometió vivir una vida plena en un mundo donde se cumplirían cada uno de nuestros sueños más anhelados, al mismo tiempo que se alzaron cinco espejos del tamaño suficiente para reflejar a una persona promedio en su totalidad. Había uno para cada uno de los integrantes del grupo. Mi corazón siempre ha tenido anhelos, pero ninguno ha sido obtener gloria ni riquezas, sino seguir los ideales de mi dios de la forma más fiel posible pero, no pude resistir la tentación de mirar en uno de esos espejos.

Donde antes solo veía mi propia figura, lenta y fluidamente comenzó a aparecer un paisaje tranquilo de un pueblo muy similar a lo que ahora es mi hogar en Loren, donde las personas vivían del sudor de su frente. Frente a una gran cabaña bien cuidada, sentada frente a la puerta en unos pequeños bancos, se encontraba la mujer que amaba, mi esposa Sirail. Pero no era la misma de siempre, ya que llevaba consigo un vientre ligeramente más grande, que denotaba la vida que ella cargaba consigo. Algo que era prácticamente imposible por una decisión de la naturaleza, ambos lo habíamos aceptado desde hace tiempo, pero aun así era algo que en lo más profundo de mí ser, deseaba que pudiera volverse real. Mi visión y mi cuerpo empezaron a perderse frente a esa imagen del espejo, poco a poco todo parecía ser más real. Mis pies comenzaron a caminar, mis manos se extendían intentando cruzar a ese umbral que me separaba de la realidad que deseaba conseguir y disfrutar...

Pero un momento antes de cruzar ese espejo, aquella tomo un cambio abrupto. Un incendio inexplicable comenzó a consumir el poblado de un momento a otro, mi esposa había desaparecido, y yo podía escuchar gritos de dolor y veía a las personas morir por monstruos como los que habíamos enfrentado poco antes. Mi visión se había vuelto una pesadilla y mi reacción casi instantánea fue tomar mi espada para romper aquel espejo frente a mí. Luego de volver a ser consciente de la realidad, gire mi cabeza para darme cuenta que mis compañeros también estaban frente a sus espejos rompiéndolos en pedazos. Nunca supe si ellos habían tenido una experiencia de la misma naturaleza que la mía, pero en mi mente tuvo lugar el pensamiento de que ese podría haber sido mi final y tal vez mi alma hubiera sido consumida luego de dar dos pasos mas hacia adelante.

Una vez que todos los espejos fueron destruidos, la criatura que se encontraba junto a nosotros desapareció en un aterrador grito de rabia, aunque tal vez alguno de mis camaradas tuviera algo que ver para que esa entidad se alejara de allí. Pero en cualquier caso, nuestra misión había concluido y las energías malignas que invadieron el lugar habían desaparecido con esa extraña figura, así como también la niebla y el ambiente de desolación que se había instalado en el Claro del Norte.

Luego de aquel viaje, volvimos a Mraganur sintiéndonos victoriosos, aunque en mi mente también había un mar de interrogantes, confusiones y miedos por lo que había vivido, así como una sensación de debilidad que no podía quitarme. Mi primer encuentro con las criaturas de otros planos por poco había sido el último y deseaba que nunca nadie tuviera que vivir una situación similar otra vez… incluyéndome.

Reunión secreta: La Orden y el intruso

 

Habían pasado varias lunas desde aquella experiencia en el Claro del Norte, pero no podía quitar de mi mente todo aquello que pude sentir. Aunque con el tiempo, la ayuda de mis amigos más cercanos me permitió reflexionar y superar lo ocurrido, logre entender que no sería la única vez que me enfrentaría a una situación así y que había más personas que podrían correr la misma suerte, aunque con un final menos afortunado.

Al verme con tan poco conocimiento, decidí buscar respuestas en las tierras de Karak Norn, el territorio de los nobles enanos. Una raza a la cual he llegado a tenerle un gran respeto y aprecio por su fortaleza, su convicción y su lealtad (una vez que logras ganártela), entre otras tantas virtudes de elogio. Es por eso que con el tiempo, me acostumbre a vivir en la región como si fuera mi segundo hogar.

Una de las cosas que atrajeron mi especial atención desde el principio, fue la devoción de los enanos a los Aesires, a los cuales respeto como a muchos de los dioses. Pero especialmente, fue algo muy grato para mí conocer el templo dedicado al dios de la Justicia, el cual nunca antes había visto en mi niñez en Gadelica por razones populares.

Desde el principio he sido fiel a la iglesia, intentando colaborar siempre con cualquier encargo que pueda hacer en favor de la misma. He dedicado muchas horas de plegarias y agradecimientos a Saxnot, otro de los nombres con el que aprendí llamar a mi dios, al igual que conocí muchas otras cosas no sabía de Tyr ni de su clero. Poco a poco fui ganando algo de confianza con el Clérigo Mayor Gorin Dorinor, y si bien nunca fueron mis intenciones ser más que un simple seguidor, siempre me he sentido a gusto compartiendo parte de todos mis días entre compañeros con los mismos ideales.

Templo de Tyr

Por estos motivos fue este lugar al que acudí para poder desahogar mis pensamientos por la experiencia que había vivido semanas atrás, y para mi sorpresa, pude enterarme sobre una reunión que iba a tener lugar en el mismo templo de Tyr. Una reunión la cual iba a ser sumamente importante, y muy pocas personas estarían presentes en la misma, personas que estuvieran involucradas en la causa y desearan ayudar a expulsar a las criaturas que habían invadido el Midgard. Casi sin pensarlo le solicite al sacerdote Gorin su autorización para participar en aquella reunión secreta. Tuve que recurrir a algo de insistencia y persuasión, pero mis intenciones de poder escuchar, entender y ayudar en todo lo que estaba sucediendo fueron motivo suficiente como para participar en dicho evento.

Pasaron unos diez días desde la noticia y comencé a notar la presencia de varios personajes más extravagantes que los ya acostumbrados enanos aldeanos y guardias de la región. Cada vez sentía más ansiedad al esperar que tuviera inicio aquel encuentro. Quería aclarar muchas dudas en esta reunión donde seguramente habría mucha gente bien informada sobre los sucesos que habían tenido lugar en muchos rincones del Midgard.

Llego el día acordado, el cual se realizó en la sala del juicio del templo de Tyr, lugar que normalmente se utiliza con otros propósitos, pero que esta vez fue la sede de la junta. Allí  fue donde me encontré con viejos conocidos, pero aun así personas de renombre, como el famoso cantor Arcturus, el capitán de la Guardia Gris: Beiron Dreed, la caballera de la diosa Sif: Elena, el teniente de la guardia de Karak Norn: Legnar Barbarroja, entre otros tantos nombres.

Pero aun con tan importantes participantes, había un grupo que me llamo especialmente la atención: unos caballeros vestidos con uniformes y armaduras que nunca antes había visto, los cuales prácticamente tomaron las riendas de la reunión y se presentaron como caballeros de la Orden del Circulo Divino.

Nunca antes había escuchado mención o rumor sobre estas personas, probablemente por mi falta de atención y pocos conocimientos generales de las cercanías de Gadelica, lugar de donde provenían este grupo. El líder de ellos parecía ser el señor Sebastian Dragonsbane, alguien con quien realmente no había tenido mucho acercamiento más que haber oído su nombre alguna vez.

Uno a uno, cada representante que nos habían invadido, atacando de distintas formas  en muchos rincones del mundo, provocando caos y calamidades en donde se hacían presentes.

A medida que escuchaba los discursos y explicaciones, muchas de mis dudas e inquietudes fueron resueltas. Si bien nunca hubo necesidad de que levantara mi voz, todos los que allí nos encontrábamos, éramos personas que estaban decididas a proteger el Midgard desde la posición que fuera necesaria. Al estar todos de acuerdo de la clara amenaza, se decidió buscar una forma de restablecer el equilibrio y desterrar a nuestros nuevos enemigos.

Los caballeros de la Orden denotaron que las intenciones de la misma son exterminar y erradicar a todos los demonios para proteger el Midgard. Un objetivo que desde un principio he considerado muy noble, aunque dudaba ser capaz de seguirlo con la misma convicción y seguridad, ya que mi único encuentro con esas criaturas no había sido el mejor. 

Caballeros

Pero estas personas estaban seguras de sus decisiones y el maestre Sebastian, expresó claramente que sería bienvenida cualquier ayuda para resolver este conflicto, pero que esas personas debían tener una fuerte entrega a la causa. En ese momento encontré valor para hacer escuchar mi voz, declarando a los allí presentes que deseaba ser parte de esto con todos mis recursos y habilidades.

Así fue como la reunión iba llegando a su final, solo quedaba aclarar cuáles serían los siguientes pasos y acciones a tomar para hacer frente a las criaturas de los otros planos… pero repentinamente, todos los allí presentes comenzamos a escuchar una voz que resonaba en nuestros oídos pero que no podíamos saber de dónde venía con exactitud.

“¡Que agradable! ¿Están todos aquí reunidos solo para hablar de mi?”

Al oír esas palabras, una sensación fría y oscura nos envolvió, las velas que iluminaban el templo se fueron atenuando para dar paso a la oscuridad que envolvía el lugar. Pronto la voz que se presentó ante nosotros como CARNIVEAU “El señor de las moscas”.

Todos en el lugar nos inquietamos, los guerreros tomamos nuestras armas ante la sensación de peligro, los clérigos murmuraban oraciones a nuestros dioses. Cada acción contra esta entidad, al parecer era algo que le causaba entretenimiento y no evitaba burlarse de nosotros.

No fuimos pocos los que desafiamos a la criatura, a enfrentarnos de una vez por todas para decidir el destino del Midgard. A lo que el llamado Carniveau se limitó a declarar.

“Nosotros estamos listos, pero les dejaremos a ustedes decidir dónde quieren morir”

Incluso el caballero Sebastian decidió hablar de manera autoritaria y retadora a este demonio, pero la manera que esta siniestra criatura nos mostró su poder, nos hizo a casi todos llegar a un quiebre de nuestra valentía.

De las manos con guanteletes del caballero, empezó a brotar sangre y a gotear en el suelo. El hombre descubrió sus manos y vio como la sangre emanaba de distintas heridas en las mismas, aunque sin saber lo que las habían provocado.  Luego, de las manchas de sangre en el suelo, comenzó a escucharse un repulsivo sonido de aleteos a medida que una cantidad de moscas empezaban a emerger de la sangre misma. Un espectáculo tan desagradable que muchos de los que estábamos allí, ante el miedo y lo impactante de la situación no pudimos mantenernos firmes, de hecho, muchos de nosotros devolvimos nuestros alimentos consumidos en ese día. Lo único bueno de la situación, es que el señor Sebastian no se encontraba en peligro mortal. Ya que las heridas fueron curadas por los clérigos allí presentes.

Todo esto a la criatura parecía divertirle, la confusión de la situación y la sorpresa que nos llevamos ante tan terrible intruso fue algo que supo aprovechar al máximo para intentar llenar nuestros corazones de miedo. Luego de darnos dirigirnos sus palabras de burla sobre nuestras intenciones, dejamos de sentir su presencia en el templo. Y aunque creimos que tal nefasto momento había terminado, pronto nos dimos cuenta que Carniveau nos había dejado una “sorpresa”.

Los campos de cosechas de todo Karak Norn, llegando hasta el bosque y el poblado de Loren, fueron arrasadas por una plaga de langostas, alimañas que aparecieron prácticamente desde la misma tierra y el aire, las cuales destruyeron y consumieron con todo lo que estaba a punto de cosecharse en esa temporada.

Sin dudas pronto toda la región entro en una crisis muy seria, y este hecho dio fin a la reunión en el templo de Tyr. No hubo un plan definitivo sobre lo que sucedería más adelante, tal vez se evitó el tema para que Carniveau no pudiera descubrir lo que intentábamos realizar y coordinar pero una cosa era muy segura, esta plaga de demonios iba a ser  difícil de erradicar.

Una flor en la tempestad

 

El bosque de Loren, conocido por su frondosa extensión de bosques y abundante fauna, siempre ha sido un lugar donde se puede encontrar una gran belleza en la naturaleza, pero al mismo, tiempo grandes peligros. Loren se encuentra delimitado entre los territorios de Karak Norn y de la ciudad imperial de Gadelica. Entre estos dos grandes territorios, se encuentra un pequeño pueblo en las profundidades del bosque el cual es el único sitio “seguro” en el largo camino que separa las dos regiones ya mencionadas.

El poblado de Loren, un sitio que había podido conocer con anterioridad, en una de mis tantas exploraciones y aventuras con mis amigos y familia: Verael y Sirail. Este siempre fue un lugar donde vive la gente más humilde que se pueda encontrar. Y aunque no cuenta con una gran población, tiene una gran variedad de razas entre sus habitantes; tales como enanos, elfos, semiorcos y humanos. Sus habitantes viven del trabajo del día a día, y el ambiente entre las personas casi siempre ha sido de compañerismo, fraternidad y paz.

Es por estas razones, que hace unos años ya, había decidido adquirir una pequeña casa en el poblado. Un lugar propio, un hogar en el cual refugiarme cuando mi necesite momentos más tranquilos, un lugar donde reencontrarme con la paz y los valores que mis padres me enseñaron durante mi niñez en Gadelica, aunque en ese entonces no los entendía.

Loren también sufrió la plaga de langostas que azoto a todo Karak Norn y esto se volvió un problema enorme para las personas que vivían de trabajar en sus granjas y cosechas. El caos que se había presentado ante la crisis de recursos de la región, evito que pudiera volver a reunirme con las personas que habían asistido a la reunión en el templo de Tyr, por lo que no sabía que acción tomar con respecto a los problemas que allí se discutieron y de qué manera aportar a esa causa. Así que decidí, junto a mis familiares elfos, ayudar al poblado y sus habitantes.

Tanto Verael como yo, durante varios días, dedicamos gran parte de nuestro tiempo a trabajar ayudando en las cosechas de los aldeanos de Loren, una tarea que no me era desconocida ya que mis padres y yo vivíamos de la misma manera. Al mismo tiempo que Sirail, incomoda como siempre se ha mostrado en grandes multitudes, recorría los bosques recolectando frutos silvestres lo bastante maduros para luego repartirlos. Por mi parte, además, comencé a realizar patrullajes en el bosque, con la intención de mantener alejados a los animales salvajes demasiado peligrosos, o a los frecuentes bandidos del bosque, los cuales siempre han sido un gran problema para los mercaderes y comerciantes.

Cuidando los bosques

Durante ese tiempo, la vida se volvió un poco más tranquila. Las personas no se dejaron consumir por la pena y la angustia ante la plaga en las cosechas, sino que reunieron fuerzas al igual que todo Karak Norn para poder recuperarse lentamente de la situación.

Mi esposa Sirail y su hermano Verael, siempre han sido seguidores de Frey y Freya. Aun con sus particulares formas de ser, cuando uno los conoce puede ver en ellos el aprecio que tienen por la vida, la prosperidad y el compañerismo, así como también son capaces de hacer frente a los momentos de crisis y problemas.

Para simbolizar la venida de tiempos mejores, ellos empezaron a cultivar un jardín. Un jardín de flores de distintas razas que se podrían encontrar en los extensos bosques de Loren, e incluso de las más exóticas provenientes de Arvandor Taure. Este jardín fue destinado a mostrar el lado amable y fértil de la vida, una forma de levantar el espíritu y la moral a todas las personas que pasaran cerca, que pudieran verlo y apreciarlo. Fue una idea bastante sensible por parte de mis familiares, y un gesto en mi esposa que no siempre suele darse, pero que los que la conocemos apreciamos siempre que surge de ella.

Ya había pasado medio año desde la plaga de langostas, y el poblado finalmente había logrado sobreponerse a la adversidad. Algo que seguramente haría sentir orgullosos a los dioses por ver el espíritu fuerte de estas personas. La temporada de cosecha comenzaba a acercarse, y con casi todo el trabajo más duro terminado, Verael decidió regresar a Arvandor Taure para resolver asuntos de la familia Elastriel, aunque Sirail prefirió permanecer conmigo en Loren.  Luego de la despedida, decidimos pasar varios días como una pareja más de campesinos. Intentando olvidar por un tiempo todo lo malo que sucedió, sucedía o sucedería a futuro. Fueron días de paz que nos sirvieron para prepararnos para un evento inesperado.

Una noche templada de abundantes lluvias y relámpagos se hizo presente en el extenso bosque, como siempre los rayos en el cielo han sido buenos augurios para los enanos seguidores de Thor, el dios velaba por nosotros en el cielo. Mi esposa y yo nos encontrábamos descansando, mientras las fuertes lluvias azotaban los techos de las casas.

Lluvia

Escuchamos un gran y estruendoso trueno, como si una explosión tuviera lugar justo al lado de nuestra casa, el cual permitió ocultar en un principio los sonidos extraños que provenían de afuera de nuestro hogar. Sirail y yo comenzamos a escuchar  de pisadas y algunos golpes desde afuera de las paredes. Así que ambos decidimos salir a investigar lo que estaba rondando allí. Me apresure a tomar mis vestimentas para salir, pero extrañamente pude notar que mi esposa estaba callada y con un semblante de preocupación que pocas veces he visto. Cuando salimos, lo primero que pude ver eran nuestros caballos que habían salido de nuestro establo, pero los mismos seguían aun dentro de los límites de terreno de nuestro hogar. Me acerque a ellos para calmarlos y volver a guardarlos, y una vez concluida esta tarea pude notar que mi esposa, durante todo ese tiempo, no hizo más que mirar su jardín con una expresión pálida y sorpresiva.

 

Entre el ruido de la lluvia y los truenos, apenas y podía escuchar algo, por lo que me acerque preocupado a ella para descubrir lo que le ocurría, y cuando me coloque a su lado, ella me dijo que había algo en nuestro jardín. Mientras ella señalaba con cierto miedo el centro del mismo, se podía distinguir algunas flores y brotes aplastados, pero que a su vez estaban cubiertos por hojas y algunas ramas extrañamente acomodados para bloquear la lluvia.

Al acercarme, comencé a escuchar un llanto mesclado con gritos que poco a poco logre sentir más fuerte, la cautela se reemplazó por un impulso, el cual me obligo a apresurarme para ver lo que se encontraba allí. De todo lo que esperaba que pudiera pasar en mi vida, jamás pensé que vería algo así.

Una pequeña recién nacida, tapada en unos pocos trapos teñidos en gran parte por sangre, diminuta, indefensa, asustada sin ninguna esperanza de sobrevivir por su cuenta.

La tome en brazos mis cubriéndola con la capa, sin saber bien lo que estaba pasando, solo actuando por instinto. Mi esposa se tapó la boca al ver lo que estaba en mis brazos.  Buscamos fugazmente en todas las direcciones, intentando encontrar cualquier señal de personas cerca de allí, pero sin éxito, así que nos dirigimos al templo comunitario de Loren, una pequeña capilla en honor a Frigga y a Heimdall.

Al entrar, no pude evitar levantar mi voz nerviosa para pedir ayuda a los clérigos, no podía controlar mis acciones bien, era una situación que nunca había enfrentado antes. Sentía miedo por la vida que cargaba en brazos, porque sabía que no podía hacer nada por ayudarla, pero deseaba con todo mí ser que esta pequeña no muriera. La sacerdotisa elfa Vianna, nos recibió inmediatamente y nos preguntó los detalles de la sorpresiva niña que habíamos cargado hasta el templo. Pero todo esto fue rápido, casi tanto que no supe bien como lo explicamos, ya que nuestras atenciones solo estaban concentradas en esa criatura.

Después de algunas horas, Vianna nos mostró a la bebe en un brazo y un biberón en la otra mano, pero la niña no hacia otra cosa más que llorar y reclamar su insatisfacción con algo o alguien. Por lo que la sacerdotisa le pidió a mi esposa que la sostuviera, y para mi sorpresa, la niña logro calmarse casi al instante.

Una niña humana, de cabellos rubios, rechoncha y con mejillas coloradas, tez blanca al igual que su cuerpo, y según Vianna con una edad que no superaba las pocas horas.

Templo comunitario

La sacerdotisa, Sirail y yo discutimos sobre el acontecimiento y llegamos a la conclusión de que la niña encontrada en nuestro jardín claramente había sido abandonada por sus progenitores. Por lo que ahora estaría por el momento a cargo del templo hasta que alguna familia interesada de Loren eligiera recibirla en su hogar. Pero de no darse el caso, sería enviada a Mraganur o Gadelica, en algún lugar donde recibieran niños en las mismas condiciones. Sirail y yo no queríamos darle tanta responsabilidad a los sacerdotes, por lo que decidimos recibir a la bebe en nuestro hogar el tiempo necesario para que Vianna hablara con todas las familias del poblado.

Al llegar a nuestros aposentos, ahora con una nueva vida que dependía de nosotros, el mundo que hasta ese entonces conocía se paralizo. No podía entender bien lo que estaba sucediendo, no había entendido mi actuar, ni siquiera había tenido en cuenta que no estábamos preparados para cuidar de algo así y estoy seguro que Sirail se encontraba con pensamientos similares. Pero algo era innegable, nos habíamos vuelto padres por primera vez, adoptivos y momentáneos, pero padres al fin y al cabo.

Pasaron las primeras semanas, las semanas más largas e interminables que había vivido jamás, durante ese tiempo logre volver en mí mismo, y entender lo que la vida y los dioses habían dejado en nuestro jardín. Al principio fue difícil, pero luego comenzamos a acostumbrarnos y para cuando se había cumplido el primer mes, nos habíamos encariñado mucho con esta pequeña, a la que decidimos llamar “Torun” en el lapso que estuviera con nosotros.

Poco a poco, entendí que esto no era solo una casualidad, que no era una situación sin motivos. Los dioses Vanires nos habían visto desde hace tiempo y decidieron darnos una bendición.

Para cuando Vianna llego a nuestra puerta, lamentándose porque no había nadie en Loren que estuviera preparado para recibir a una niña en su hogar, Sirail y yo ya habíamos decidido que era lo que íbamos a hacer.

Uno no siempre tiene el control de las cosas, uno puede entrenarse e intentar prepararse para los distintos desafíos que los dioses pondrán en nuestro camino, pero hay momentos en los que simplemente no existe preparación, no hay explicaciones, no hay advertencias. Son situaciones en las que uno solo puede hacer lo que piensa que es lo mejor y lo que desea desde lo más profundo de su ser.

Nuestra familia, de un momento a otro comenzó a crecer, y creo que esta es una señal de que a pesar de los momentos oscuros que estamos viviendo, aún hay una flor de la esperanza, una flor que por pequeña y delicada que sea, sigue presente ante la tempestad.

Mi esposa Sirail suele decirme que:

“Esta niña es hija de Thor y Sif, ha sido enviada al Midgard para cuidar de este mundo”

Y aunque dudo que ese pensamiento sea una certeza, si puedo estar seguro de que esta niña tiene algo especial en ella. Y aunque su camino no sea claro para nosotros, sin  importar cuál sea el destino que los dioses tengan preparado para su vida, me dedicare a protegerla de hoy en adelante.

Familia

 

Culpas y castigos

Desde la llegada de Torun, nuestras vidas se volvieron más rutinarias con respecto a la crianza de nuestra hija. Esto fue atenuando el fuego de la emoción por las aventuras y los viajes a lugares peligrosos, reemplazándolo por un estado de calma y aprendizaje sobre lo que es tener una familia. No obstante, más allá de mis obligaciones nuevas como padre, también dedicaba parte de mis días al entrenamiento de mis habilidades y mi estado físico. Tales entrenamientos los solía llevar a cabo junto con los demás guardias civiles y otras tantas veces con mi amigo Taros: un monje de tez morena proveniente de Dhu Nun, poseedor de técnicas y estilos de combate envidiables, en los cuales se vale de su propio cuerpo como arma. Junto con él logre evolucionar mi manera de luchar y de ver mejor muchos aspectos de la vida y de mí mismo mediante la meditación y la observación.

Durante los primeros meses después como una nueva familia, mi vida se basó en esa rutina de entrenamientos y las costumbres de un hombre de hogar, cuidando y viendo crecer junto con Sirail a nuestra niña. Pero con el tiempo comencé a retomar mis viajes a la ciudadela de Karak Norn, con la intención de poder trabajar para la región y continuar aprendiendo sobre la herrería junto a mi maestro Moigan, uno de los mejores herreros de Asgoria. Esto me llevo a recorrer paulatinamente distintas regiones en busca de materiales y recursos necesarios para la herrería, lugares como la nevada ciudad de Mraganur.

Durante aproximadamente un año, mi vida fue transcurriendo de manera tranquila y poco a poco logre despreocuparme del problema de los demonios, aunque no paso mucho tiempo más hasta darme cuenta que esta paz era solo la calma antes una tormenta. Dicho de manera más literal, una tormenta que se hizo presente sobre el navío en el cual me encontraba viajando cuando intentaba regresar desde las tierras norteñas al puerto de la región enana.

Mientras descansaba en uno de los camarotes del barco, comencé a notar que el mismo comenzaba a mecerse de una manera cada vez más violenta y repetida. No tarde mucho en darme cuenta que algo no marchaba bien, y al subir a la cubierta pude ver aquella tormenta contra la cual los marineros hacían todo lo posible por resistir.

El cielo estaba cubierto por una oscura y densa nube que parecía estar justo encima de nosotros, ya que buscando los horizontes se podía ver en cada dirección los límites de esta calamidad en el cielo. La lluvia era incesante, a tal punto que dificultaba el simple hecho de caminar sobre la cubierta. El viento y el mar golpeaban con fuerza al generar olas, que se estrellaban una tras otra y parecían ser monstruos gigantes que intentar tragar por completo el barco en el que viajábamos.

Tormenta

Aun sin saber nada de la vida en el mar, podía darme cuenta del nerviosismo, el miedo y la precipitación de los marineros mientras corrían de un lado a otro, o trepaban las redes y sogas para soltar y ajustar las velas.

En ese entonces mi mal presentimiento comenzó a tornarse una preocupación y culpa que no pude entender al instante, pero rememorando mis días anteriores en Mraganur, antes de regresar a Karak Norn, recordé algo que podía ser la causa de la catástrofe que estábamos enfrentando. Me di cuenta que en mi deseo por regresar a toda prisa con la gente que quería en Loren, había omitido mi visita al templo de Aegir y hacer una correspondiente ofrenda para tener un viaje seguro. Pronto esa preocupación mía se tornó en miedo, el miedo de haber provocado la ira de uno de los dioses de los mares.

Los gritos en la cubierta del barco se escuchaban en todas las direcciones, pero muchas veces estas voces debían competir contra los sonidos estruendosos de la tormenta y la marea agitada. En el caos que todo esto representaba, pude ver a un marinero perder el equilibrio y la firmeza en la soga de la que se sujetaba, para luego caer en el mar embravecido.

No dude ni un momento en buscar lo más rápido posible una soga para poder socorrer al hombre en el agua, pero al mismo tiempo las olas golpearon con fuerza y truenos ensordecedores con luces segadoras se hicieron presentes. Esto me hizo caer y retrasar mi búsqueda durante unos momentos, y aunque finalmente logre encontrar una cuerda lo bastante extensa, cuando me dirigí hacia la baranda del barco para auxiliar al marinero, ya no pude encontrarlo. El mar lo había reclamado y alejado de nosotros.

Me invadió por completo la tristeza, la impotencia y por sobre todo, la culpa de sentir que ese hombre había muerto por mi falta de respeto a los dioses. Lo único que pude hacer fue pedir que este marinero fuera alcanzado y llevado por Ran, la esposa de Aegir,a su palacio de coral bajo el mar y que allí pudiera tener una mejor existencia.

Luego la realidad volvió a sacudirme con otro violento choque de las olas contra uno de los bordes del navío, sobre nosotros seguía manifestándose aquella tempestad.

Fue entonces que al lograr ponerme de pie nuevamente, escuche el susurro de una voz que no me era familiar, pero que hablaba tan cerca de mis oídos que daba la impresión de estar junto a mí, aunque al voltearme no podía ver a nadie cerca.

“Arrodíllate ante mi poder”

Estas palabras me dieron la certeza de mis pensamientos, yo había sido el blasfemo que había traído tal tormento sobre nosotros. Pero si el dios Aegir pedía un tributo en el templo, pensé que tal vez podría compensarlo dejando en el mar un sacrificio de mayor valor con tal de obtener clemencia. Es por este motivo que, después de varios resbalones y trastabilleos, camine hasta la proa del barco, donde allí me puse de rodillas mostrando una gema de brillante resplandor verde en mi mano.

Ofrenda

Trataba de concentrar mis pensamientos y comencé a hablar también en voz baja, pidiendo que esta ofrenda pudiera darnos una oportunidad de redimirme y de poder salvar a los marineros que estaban siendo castigados por mí blasfemia. Y esta vez, aquella voz susurrante volvió a hablar, diciéndome algo que hasta el día de hoy tal vez está buscando.

“No quiero tus riquezas. ¡Quiero tu sangre!”

Estas palabras provocaron un escalofrió en mi espalda, y entumecieron mi cuerpo por un instante. Pero desde ese momento, la tormenta y las olas comenzaron a calmarse y disminuir gradualmente hasta que finalmente el brillo del sol empezó a atravesar las oscuras y densas nubes negras.

Habíamos sobrevivido a un viaje que muchos de los marineros allí presentes contarían orgullosos en las tabernas y puertos de cada región, pero algo en mi sabia con claridad que esa presencia que había sentido aún no estaba satisfecha.

Cuando regrese a Loren, le explique Sirail lo que había sucedido, sabiendo que ella me ayudaría a encontrar una solución, después de todo mi hábil y sabia esposa me había salvado de incontables enemigos y amenazas que superaban mis conocimientos: tales como los ogros, los elementales de tierra, gigantes de hielo y otros tantos peligros. Sin duda la primera persona a la que podría confiarle mis problemas seria a ella. Y así fue como decidimos dejar a nuestra pequeña hija a cuidado de un buen amigo de Sirail, mientras nosotros partimos nuevamente hacia Mraganur para obtener información o alguna respuesta en el templo de Aegir.

Viajamos ligeros, concentrados en lo que queríamos hacer, esto no era algo que pudiéramos dejar pasar o ignorar, lo sabía bien y mi esposa tenía el mismo presentimiento.

Cuando finalmente llegamos al templo, con el mayor respeto que pude tener intente hablar con el sacerdote Ogasir Rhaniar, aunque desde el principio su trato hacia nosotros fue algo áspero y difícil de sobrellevar. Aun así, y dando una correspondiente ofrenda hacia el dios de los mares, intentamos hablar con el sacerdote sobre lo que me había sucedido en aquel viaje. Pero no obtuvimos ninguna respuesta clara, solo que debíamos mostrar nuestros respetos al dios de los mares, a lo que conteste que siempre le he tenido respeto a todos los dioses, aun cuando el dios al que sigo es al dios Justo. Tal vez debí medir más mis palabras, ya que en ese momento el sacerdote se limitó a darse la vuelta y decirnos que el único dios justo es Aegir.

Al salir de ese lugar sin respuestas ni solución, mi ánimo había decaído enormemente, y así mismo crecía mi preocupación por las consecuencias de mis actos, y de no ser por Sirail, probablemente hubiera perdido las esperanzas pero no podía dejarme llevar por esos sentimientos, teníamos que encontrar la manera de solucionarlo.

Es por esta razón que luego nos dirigimos hacia el monasterio de la trilogía, en las cercanías de Karak Norn. En este lugar, y con autorización de los monjes, dedique varios días y noches a sumergirme en los textos antiguos para buscar algún indicio, pista o historia similar a lo que estaba ocurriendo, pero lamentablemente con el tiempo me di cuenta de que esto era algo que probablemente no iba a encontrar en los libros.

Pasaron varias semanas en los que no encontré respuesta, pero a su vez tampoco pude volver a sentir aquella voz en mi cabeza y en mis oídos nuevamente. Por lo que decidí detener mi búsqueda, y esperar a que alguna señal se revelara ante mí nuevamente, para así poder descubrir lo que había sucedido y de que se trataba esta entidad. Aun con aquel mal acechando, no podía amargarme y deprimirme, tenía una familia en quien pensar y que cuidar y no podía dejar que mis pensamientos y preocupaciones me nublaran.

Los comentarios están cerrados.