Monje


Monje


Los monjes también suelen quedar encasillados dentro de un molde estereotípico: el ascético introspectivo que cuando no va de aventuras, se dedica a la contemplación interna en busca de su yo espiritual. El aventurero monje típico suele ser reservado, espiritual y capaz de soltar con la misma facilidad un ataque sin armas que un discurso sobre el zen. Sin embargo, el monje existe para algo más que para la búsqueda de la perfección física y espiritual.

 

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Aventuras: los monjes consideran que las aventuras son pruebas personales. Aunque no son muy dados a presumir, se muestran dispuestos a practicar sus habilidades con todo obstáculo al que se vean obligados a hacer frente. Los monjes no codician la riqueza material, pero buscan con afán todo aquello que les pueda ayudar a perfeccionar sus artes.

 

Peculiaridades: el rasgo principal del monje es su aptitud para combatir sin armas ni armadura, ya que desarrollan algunas aptitudes de clase que les ayudan a no ser golpeados prácticamente nunca. Gracias a su riguroso entrenamiento, pueden golpear tan fuerte como si estuvieran armados y atacar más deprisa que un guerrero con su espada.
Aunque los monjes no lanzan conjuros, poseen una, magia propia de su clase: pueden canalizar una sutil energía, llamada ki que les permite llevar a cabo hazañas asombrosas. La proeza más conocida de los monjes es su aptitud para aturdir a un oponente por medio de un golpe sin armas. Los monjes también poseen una consciencia sobrenatural de 1os ataques y pueden esquivarlos aunque no sean conscientes de su proximidad.
A medida que el monje adquiere experiencia y poder, también va mejorando sus aptitudes, tanto las mundanas como las relacionadas con el ki; lo que le concede más y más poder sobre sí mismo y, a veces, también sobre los demás.

 

Alineamiento: el entrenamiento del monje requiere una estricta disciplina. Sólo las gentes de corazón legal son capaces de emprender semejante labor.

 

Religión: el entrenamiento es la senda espiritual del monje, que encuentra la dirección a seguir en su interior y puede comunicarse íntima y místicamente con el mundo espiritual, por lo que los seguidores de esta clase no necesitan clérigos ni deidades. Sin embargo, ciertos dioses legales atraen a algunos monjes, que meditan sobre su parecido personal con la deidad e intentan emular sus hazañas. Los dos dioses que más posibilidades tienen de merecer la devoción de un monje son Tyr, el dios del valor y la estrategia, y Heimdall, el guardián del Bifrost.

 

Trasfondo: los monjes suelen entrenarse en un monasterio. La mayoría de ellos son niños cuando entran, siendo enviados allí tras la muerte de sus padres, cuando éstos no tienen suficiente comida para mantenerlos o como compensación de una familia por algún favor realizado por el monasterio. Estando allí, el monje ha de concentrarse tanto en su entrenamiento que apenas conserva sus lazos familiares o locales una vez marcha por su cuenta.
En las ciudades grandes, los monjes maestros abren escuelas en las que enseñan sus artes a todos los que se muestran interesados y son dignos de aprenderlas. Los monjes de tales academias suelen considerar que sus hermanos de los monasterios rurales están bastante atrasados.
Un monje puede sentir un profundo vínculo con su monasterio o escuela, la persona que le enseñó, la tradición en la que se adiestró o las tres cosas. Sin embargo, hay otros que no se sienten unidos más que a su propia senda de desarrollo personal.
Los monjes se reconocen unos a otro, como parte de un grupo selecto apartado del resto de la gente. Pueden sentir cierta afinidad, pero les encanta competir unos con otros para comprobar quién posee el ki más poderoso.

 

Razas: los monasterios suelen encontrarse en tierras humanas, que han incorporado este elemento en su siempre cambiante cultura. Por lo tanto, muchos seguidores de esta clase son humanos (o semielfos y semiorcos) que viven entre ellos. Los elfos son perfectamente capaces de mostrar una dedicación resuelta y prolongada por un interés, arte o disciplina concretos y, por tanto, algunos de ellos abandonan los bosques para convertirse en monjes. La tradición de esta clase es ajena a la cultura de enanos y gnomos, y los medianos suelen ser demasiado nómadas como para recluirse en un monasterio, por lo tanto, es muy poco frecuente que enanos, gnomos o medianos se conviertan en monjes.
Los humanoides salvajes carecen de una estructura social lo bastante estable como para que los monjes puedan entrenarse; sin embargo, de vez en cuando hay algún niño huérfano o abandonado de una tribu humanoide que termina yendo a parar a un monasterio de tierras civilizadas, o siendo adoptado por un maestro vagabundo. Los maléficos elfos subterráneos conocidos como drow poseen cierta tradición monástica no muy extendida pero indudablemente poderosa.
Otras clases: a veces, los monjes se muestran distantes con las demás clases por lo poco que tienen en común con sus motivaciones o habilidades. Sin embargo, los monjes reconocen las ventajas de colaborar con otros y demuestran ser compañeros dignos de confianza.

 

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El monje en el mundo:
Los monjes suelen formar parte de algún tipo de vida estructurada, sea como miembro de un monasterio, un templo o alguna otra organización. Algunas veces esta estructura existe primordialmente para imbuir en sus miembros ciertas creencias o valores, que permiten al monje interactuar con el mundo exterior de una forma relativamente normal, siempre que siga el código de comportamiento prescrito o algún tipo de sistema ético. En algunas ocasiones, la estructura se parece más a una jerarquía formal que obliga al monje a aceptar órdenes y tareas de aquellos individuos que ocupan un nivel superior. En ambos casos el monje depende de esta organización para conseguir apoyo y recursos, aunque los detalles exactos varíen de acuerdo con la propia naturaleza de la estructura.

 

Algunos estereotipos de monje:
A veces requiere un esfuerzo imaginativo el racionalizar por qué un monje, que claramente no desea nada más que conseguir una casi mítica perfecta unión de mente, cuerpo y espíritu, dejaría su templo para llevar a cabo un tipo de vida tan diferente y peligroso como el ir de aventuras. Cada día que pasa ayudando a sus camaradas a destripar un dungeon de sus tesoros, o a defender un pueblo de unos humanoides merodeadores, es un día que no está inmerso en los estudios y prácticas que conforman la esencia de un individuo con esos objetivos.
¿O no? Algunas tradiciones de los monjes enseñan que el mundo es un aula ejemplar en el que cada persona, lugar, o hecho tienen una lección que enseñar, y esta enseñanza puede ser una ayuda inestimable para que el monje perciba su verdadero lugar en el cosmos. Otras tradiciones impulsan al monje a que deje el monasterio durante un periodo de tiempo con el objetivo de dar un marco de referencia a sus estudios, para ver lo que motiva a otras gentes a conseguir algo que consideran suficientemente importantes.

 

Penitente:
Este tipo de monje lleva a cabo, de forma voluntaria o no, una misión o alguna otra actividad fuera de su monasterio para compensar alguna falta o fallo. Esta obligación puede ser real o imaginaria, y su significado varía con la naturaleza de las enseñanzas que el monje sigue. Algunas veces el penitente se une a una compañía de aventureros para aprender una lección particular sobre sí mismo o sobre el mundo.

 

Maestro del zen:
Esta variedad de monje se una a compañía de aventureros sobre todo porque cree que una parte importante de sus intentos para conseguir sus objetivos principales de perfección física y espiritual se basa en los riesgos a los que se enfrentan estos grupos. Ve la aventura como una oportunidad de experimentar y perfeccionar sus habilidades marciales en situaciones reales.

 

Consejero espiritual:
Los consejeros espirituales suelen unirse a compañías de aventureros porque creen firmemente que uno o más de sus miembros se beneficiarían en gran medida de su presencia. Quizá el monje tiene como misión ser el mentor de un miembro del grupo que podría a llegar a convertirse en monje, o puede que el monje haya decidido cobijar bajo su ala a un individuo con una mente prometedora pero desestructurada y enseñarle los beneficios de la doctrina espiritual que sigue un monje.

 

Ejecutor espiritual:
Este tipo de monje se une a un grupo de aventureros sólo de forma temporal. Ha sido encargado, o bien por su monasterio o por su propia conciencia, de compartir la misión del grupo porque ésta apoya los objetivos de su organización o de su ética. Los monjes de esta clase suelen pensar únicamente en la consecución de su objetivo, pero aportan recursos y habilidades muy valiosas al grupo.

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